El Dinero no es la Vida

Nov 3rd, 2009 | By carlosvilla | Category: Mi Opinión

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Es tan sólo…vanidad

¿Ya conoces la frase? -Probablemente no. Corresponde a una canción de los años 50’s del siglo pasado, “Quinto Patio”. Relata la historia de un enamorado pobre reclamando a su amada su indiferencia, y, suponiendo que la razón es  la diferencia en ingresos, patrimonio y, uno concluye, nivel social, afirma la poca importancia del Dinero.

¿Cosas del Pasado?

A mediados del Siglo XX, con la difusión internacional de un cine mexicano que tuvo un gran impulso por una serie de factores… entre ellos, la disminución de actividad de cine comercial en Hollywood, por la 2a. Guerra Mundial, se gestó una personalidad de los hombres, las mujeres, los niños y las familias de México que tenía mucho de -precisamente- cinematográfica.

Esa representación en el medio de comunicación más importante de la época, les demostró a muchos sectores de la clase media, si no como eran en realidad, como debían ser.

Una rasgo muy importante de esa personalidad era la actitud hacia el dinero.

El Siglo XXI. Los inicios y los cambios

No pretendo hacer un análisis de las condiciones de la sociedad mexicana en los inicios de este siglo, y mucho menos, por supuesto, de la sociedad hispanoamericana. La sociedad española está siendo suficientemente analizada con la incorporación a una forma de vida más ‘europea’ sobre la que poco podría opinar.

Sin embargo, es evidente que la clase media latinoamericana ha sufrido un cambio muy grande en su actitud hacia el dinero. Me pregunto si esos cambios han sido en la dirección correcta.

Hace medio siglo parecía haber una exaltación del estado, si no de pobreza, sí por lo menos, de carencia. Ser pobre era sinónimo de ser trabajador y honrado. Series de filmes repetían la fórmula, pintando a los ricos como gente banal, un poco tonta y perezosa. La identificación del espectador era, por supuesto, con el honrado trabajador que, aunque vivía sin lujos, sí estaba rodeado rodeada de amor, amigos y alegrías.

Hoy, el dinero se ha convertido en una amenaza. Debo decir… el fantasma de la carencia de dinero es la espada de Damocles que pende sobre las cabezas de todos… y norma muchas de las conductas cotidianas.

De ¡Viva la Pobreza! a !Muera la (apariencia de) Pobreza!

Con la educación disponible para grandes cantidades de personas habitantes de las ciudades, la sociedad aprendió la importancia de la apariencia. Con ese aprendizaje se implantaron algunas nuevas normas, que permanecen. Sirva el siguiente ejemplo.

Las oportunidades de empleo, buenos ingresos, mejores relaciones sociales, noviazgo, matrimonio, y la felicidad dependen de:

  • La apariencia de tener dinero
  • La apariencia de tener educación
  • La apariencia de pertenecer a la mejor clase social posible
  • La apariencia de poseer un lenguaje florido (convertido, últimamente, en la audacia de poseer un lenguaje profano, más ‘democrático’)

Todas esas condiciones se logran de dos maneras posibles:

  • Teniendo tanto dinero que la apariencia aparezca por sí sola, o
  • Gastando dinero en la apariencia, aunque no se tenga dinero en realidad.

El uso del dinero en la sociedad actual

Con todo lo anterior, las clases medias tienen una gran necesidad de ingresos para solventar los gastos en mantener las apariencias. La educación, por ejemplo. Todos conocemos el lugar común:

“La educación es la única herencia que podré dejar a mis hijos. Por eso tengo que pagar la universidad más cara posible… y, por supuesto, Inglés y computación”

Otras prioridades son la ropa de marca, el coche y la casa.

La educación dentro del hogar ha pasado a segundo término. O más bien dicho… la principal educación, la de la casa, ahora enfatiza que:

  • Hay que tener suficiente dinero para pagar las apariencias
  • (Casi) todo lo demás queda subordinado a este propósito

Entonces… ¿cómo debería ser?

Entre esas dos posiciones defectuosas y extremas, se pueden conducir las actitudes propias y las de la familia por senderos apropiados, si se reconoce al dinero como lo que es:  El instrumento para administrar la economía. Como tal, aunque su cantidad y disponibilidad tienen impacto en otros aspectos de la vida personal y familiar, debería ser tratado como otro de los factores que hay que gestionar.

La educación sí es un asunto que requiere toda la atención. Si se analiza con profundidad, se descubre que los puntos más importantes de la educación requieren poco, o nada, de dinero. Educar en virtudes humanas es barato, pero, como se sabe, “Fray Ejemplo” es el mejor educador, así que las cosas pueden complicarse. Aún así, a pesar de tener, probablemente, una educación que no destacó virtudes como la sinceridad, la laboriosidad, la amistad, la tenacidad, la longanimidad, la alegría o la templanza, creo que es fácil reconocer los grandes beneficios que produce la práctica de ellas.

Respecto al dinero, despojado del propósito de utilizarlo para la ascensión social, lo que sigue es hacer un buen plan. Un plan que, por supuesto, esté enderezado hacia objetivos de ingresos financieros elevados, inversiones que aumenten el patrimonio y actividades profesionales que nos hagan aprender las técnicas necesarias para producirlo.

El Dinero no es la Vida
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